La parroquia de la Sagrada Família, situada en el barrio de la Sagrada Família en Barcelona, está experimentando una fuerte presión por el turismo que ha crecido de forma desmesurada en los últimos meses. El sacerdote responsable, el párroco Domènec Biarnés, denunció que la gran afluencia de visitantes afecta al normal desarrollo de la vida parroquial: el ruido, la presencia constante de grupos de turistas y la falta de espacios para la oración y la celebración de los sacramentos. La comunidad eclesiástica ha solicitado a las autoridades municipales medidas que regulen la circulación de los turistas y que garanticen el respeto al carácter religioso del edificio, para evitar que la parroquia quede reducida a una mera atracción turística.