La primera huelga médica del año en España ha finalizado sin que se estableciera ningún contacto oficial ni negociaciones con el Ministerio de Sanidad, generando una profunda frustración entre los facultativos. A pesar de que el seguimiento de la huelga fue desigual en diferentes regiones, el conflicto ha evidenciado una fuerte tensión con las autoridades sanitarias, ya que los médicos exigen mejoras en sus condiciones laborales, un aumento salarial y, principalmente, la creación de un estatuto médico propio que regule su profesión, similar al de otros colectivos de funcionarios.
Esta falta de diálogo ha provocado que el conflicto se enquiste, con sindicatos como CESM Aragón amenazando con nuevas huelgas indefinidas a partir de marzo, que podrían extenderse hasta el verano, si no se atienden sus demandas. Los médicos se sienten infravalorados y sobrecargados, y advierten que la situación actual es insostenible a largo plazo, buscando evitar la fuga de talento y mejorar la calidad asistencial.