Rusia ha lanzado una serie de ataques intensificados en Ucrania, incluyendo el mayor del año, que han tenido como objetivo principal la infraestructura energética del país. Estas ofensivas han causado graves consecuencias humanitarias, dejando a más de 1.600 edificios en Kiev sin calefacción y provocando al menos un muerto y 23 heridos.
La comunidad internacional ha condenado estos ataques, con los países nórdicos y bálticos, así como la ONU, urgiendo a Rusia a cesar “de inmediato” las hostilidades contra la infraestructura crítica. La escalada ocurre incluso en un contexto de esfuerzos diplomáticos, con ataques lanzados poco después de reuniones trilaterales con EE.UU. y antes de programadas conversaciones de paz.