Los fármacos para perder peso de la familia GLP-1, como Ozempic y Wegovy, están provocando un cambio sustancial en los hábitos alimenticios y las preferencias de consumo de los pacientes. Más allá de la pérdida de peso, estos medicamentos modifican el sistema de recompensa cerebral, lo que reduce drásticamente el deseo y el atractivo por los alimentos ultraprocesados, grasos, azucarados y las bebidas azucaradas, e incluso por el alcohol.
Esta alteración en el paladar lleva a los usuarios a desarrollar una inclinación natural por opciones más saludables, como frutas, verduras y proteínas magras, reflejándose en una cesta de la compra significativamente más nutritiva. Varios expertos han descrito este efecto como una posible «vacuna contra los ultraprocesados», con implicaciones importantes tanto para la salud pública como para la industria alimentaria, que ya está comenzando a sentir el impacto de estas nuevas tendencias y a adaptar sus estrategias de producción y comercialización.