El artículo explica por qué, según expertos económicos, la ofensiva anti-inmigratoria propuesta por Donald Trump, con el fin de impulsar la contratación de ciudadanos estadounidenses, es poco probable que tenga el efecto deseado. Aunque la estrategia busca liberar empleos y aumentar salarios para los nativos, los economistas argumentan que los inmigrantes con frecuencia ocupan puestos de trabajo que los estadounidenses nacidos en el país no están dispuestos a tomar, especialmente en sectores de baja remuneración o alta demanda física.
Además, los especialistas señalan que los inmigrantes son un motor clave para el crecimiento económico, ya que no solo cubren déficits de mano de obra y contribuyen al emprendimiento, sino que también aumentan el consumo y la demanda de bienes y servicios. Históricamente, los períodos de mayor inmigración han coincidido con épocas de fuerte expansión económica y bajo desempleo para los trabajadores nacidos en Estados Unidos. Por lo tanto, se advierte que una reducción de la inmigración podría, en realidad, agravar la escasez de mano de obra, frenar el crecimiento económico y elevar los precios, en lugar de mejorar el mercado laboral para los estadounidenses.