La alimentación es un factor crucial y modificable en el riesgo de desarrollar cáncer, siendo responsable de un 30-40% de los casos junto con la actividad física y el peso. Ciertos alimentos y patrones dietéticos pueden aumentar el riesgo; por ejemplo, el consumo de carnes procesadas, clasificadas como carcinógenos del Grupo 1, incrementa el riesgo de cáncer colorrectal incluso en pequeñas cantidades, mientras que las carnes rojas también están asociadas a mayores riesgos. El alcohol, las bebidas azucaradas y los alimentos ultraprocesados contribuyen a la obesidad, un factor de riesgo para al menos 13 tipos de cáncer, además de promover inflamación y resistencia a la insulina.
Por otro lado, una dieta rica en vegetales, frutas, cereales integrales, legumbres y frutos secos, como la dieta mediterránea, puede reducir significativamente el riesgo. Estos alimentos aportan fibra, vitaminas, minerales y antioxidantes que combaten la inflamación y el estrés oxidativo. Mantener un peso saludable y combinar una alimentación balanceada con actividad física son recomendaciones fundamentales para la prevención del cáncer, enfatizando la importancia de la variedad y el equilibrio en la dieta para influir positivamente en la salud celular y el microbioma intestinal.