El miedo a envejecer, conocido como gerascofobia, es una respuesta psicológica compleja influenciada por factores sociales, culturales y personales. Según la psicóloga citada, este temor no se limita únicamente al paso del tiempo biológico, sino que se nutre del rechazo social hacia la vejez, la presión por mantener una imagen juvenil y el miedo a la pérdida de autonomía, salud o relevancia en el entorno.
Para gestionar esta angustia, los expertos recomiendan fomentar una mentalidad que valore las etapas de la vida de forma integral, alejándose de los estándares estéticos impuestos. Trabajar en la aceptación personal, planificar el futuro de manera realista y cultivar propósitos que trasciendan la apariencia física son claves fundamentales para transitar el proceso de envejecimiento con mayor bienestar emocional y menor ansiedad.