El estrecho de Ormuz, una vía marítima vital para el comercio global de petróleo, se encuentra nuevamente en el centro de las tensiones geopolíticas. Irán ha comenzado a imponer un «peaje» para el tránsito de buques, aunque ha aclarado que las embarcaciones «no hostiles» podrán seguir cruzando. Esta medida se percibe como una afirmación de control que introduce nuevos riesgos y lecciones históricas sobre las repercusiones de cierres o restricciones en el estrecho, haciendo que sortear esta ruta sea una opción prohibitivamente costosa para el comercio internacional.
La situación ha generado una crisis humanitaria, con la agencia marítima de la ONU priorizando la evacuación de unos 20.000 marineros que se encuentran varados al oeste del estrecho. La incertidumbre sobre la libre navegación y los elevados costos de las rutas alternativas subrayan la complejidad y el impacto global de la postura iraní sobre este cuello de botella estratégico.