El conflicto liderado por Irán ha desmantelado la percepción de seguridad en los países del Golfo Pérsico, como Dubái y Qatar, resultando en cuantiosas pérdidas económicas y exponiendo a estas naciones, a menudo consideradas ricas, a la escasez de bienes básicos. Irán busca asfixiar económicamente a la región y apuesta por una guerra prolongada que amenaza la estabilidad de la economía mundial.
A pesar de condenar los ataques sufridos y la inestabilidad generada, los países del Golfo han manifestado su rechazo a una entrada directa en el conflicto. Mientras tanto, algunos, como Emiratos Árabes Unidos, están implementando medidas, como el establecimiento de corredores logísticos, para contrarrestar la presión iraní y mitigar las disrupciones. La situación subraya una nueva realidad de vulnerabilidad económica y la necesidad de adaptación estratégica en la región.