Irán conmemoró el 44 aniversario de su Revolución Islámica con masivas concentraciones a nivel nacional, donde el Líder Supremo Ali Jamenei instó a la población a la unidad para «frustrar los planes enemigos» y reafirmó el progreso del país a pesar de las presiones externas. En un gesto inusual, el presidente Ebrahim Raisi se disculpó públicamente con «todos los afectados» por las recientes protestas y la represión subsiguiente, admitiendo «deficiencias» y «errores» por parte de las autoridades, al tiempo que condenaba la «propaganda occidental» por incitar el descontento. Esta disculpa se produjo tras el indulto masivo de prisioneros, en un aparente intento de aliviar las tensiones internas generadas por las manifestaciones.
En este contexto, altos mandos militares juraron defender la integridad territorial del país y la Revolución Islámica hasta con sus vidas, demostrando la lealtad de las fuerzas armadas al régimen. La celebración sirvió como una plataforma para que el liderazgo iraní proyectara una imagen de cohesión y resistencia frente a los desafíos internos y externos, mientras se realizaban gestos de conciliación, como la disculpa presidencial y los indultos, para abordar las quejas domésticas.